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CONSCIENCIA, VISIÓN Y DIRECCIÓN

CONSCIENCIA, VISIÓN Y DIRECCIÓN

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CONSCIENCIA, VISIÓN Y DIRECCIÓN

Durante los últimos 400 años la civilización occidental ha reprimido los aspectos del cuerpo, del alma y del espíritu por una desmedida visión mecanicista de la ciencia, la filosofía y las relaciones basadas en el poder. A tal efecto hemos contribuido todos, y todos, políticos, médicos, científicos y demás ciudadanos tenemos que reflexionar al respecto; porque de no hacerlo con urgencia la vida en este planeta seguirá agotándose y muriéndose por momentos, y las generaciones futuras pagarán todavía más nuestra irresponsabilidad.

VyC naturaleza

LA VIDA QUE NOS ESTÁMOS PERDIENDO

Cuando decimos “cuerpo” estamos refiriéndonos a los sentimientos, sensaciones, emociones. Al decir “alma” nos referimos a todo aquello que subyace tras todo esto como raíz y fuente. Respecto al “espíritu” todavía no estamos en condiciones de avanzar de manera clara, aunque nos referimos a lo que está subyacente a las reflexiones, los conceptos, los juicios de valor, las posibles deducciones del correcto uso del sentido común. El espíritu también comprende la lógica y los fenómenos que nos acercan a la intuición de aquellos profundos significados referentes a “qué somos, qué hacemos aquí, a dónde vamos volvemos o iremos luego” –si seguiremos o no- o si es cierto lo que con tanta seguridad las religiones proclaman respecto a una inteligencia superior que creó y sigue creando nuestro mundo sin ser nosotros plenamente conscientes de ello.

El espíritu también está relacionado con qué ética ha de guiar a la ciencia en sus investigaciones, o cual ha de ser el papel del ser humano con el planeta Tierra, con sus ecosistemas y toda la biodiversidad que estamos matando; así como si hay algún principio por el que regir nuestra conducta cada día, o si es correcto que el planeta este poderosamente dividido, en continuas guerras, y lo aceptemos así.

El espíritu está tras nuestra capacidad de aceptar el amor como base de las relaciones o, de lo contrario, sigue siendo el negocio, la adulación, la idealización, el miedo etc. Cuando actuamos según nuestros principios estamos sosteniendo nuestro espíritu. Cuando indagamos en qué papel es el correcto para el arte, la ciencia, las humanidades, la historia y su comprensión también. Cuando indagamos acerca de la religión,  de la medicina respetuosa, de la política respetuosa etc. Cuando alguien nos muestra sus condiciones personales profundas decimos de él que tiene un tal o cual, porque estamos aludiendo al centro de esto que llamamos espíritu y que es al individuo lo que el cerebro para el organismo.

Sólo quien está experimentando a otros a través de mecanismos, sólo quien aconseja a otros sobre cómo han de vivir basado en los resultados de programas cuyas armonizaciones están lejos de poder ellos comprobar, sólo quienes valoran a otros, a su organismo, cuerpo, alma y espíritu de forma habitual, se  pueden convencer de que la autoridad en su campo son las máquinas, los robots y no aquello que su consciencia le dicta.

Las leyes que operan para sostener y hacer posible este mundo y todo lo que en él existe son parte de lo que nuestro espíritu puede captar. Cuando decimos que nuestro espíritu está sanando o no nuestro mundo nos referimos a que según sea su visión –tu visión que llamamos espíritu- así el arte, la ciencia, las relaciones etc. estarán dirigidas hacia mejorar este mundo o no: luego estamos aniquilándolo todo o vivificándolo todo. Así como un pensamiento predispone a unas posibilidades y no a otras, nuestro espíritu tira de nuestros cuerpos y sentimientos hacia lo que es bueno o nos cierra a una vida desconectada de nosotros, del entorno y de la naturaleza para apostar por la muerte de todo.

CONSCIENCIA, VISIÓN Y DIRECCIÓN EN EL PSICOANÁLISIS

La labor  que el psicoanálisis está llevando a cabo tanto respecto a la psicología y psiquiatría, como en el campo de la terapéutica en general, no está suficientemente valorado ni por la sociedad ni por los distintos estamentos de la salud oficial. Si bien parece cierto que sus comienzos estuvieron influidos por el condicionamiento de una determinada época no es menos cierto que sus descubrimientos han marcado y orientado a nuestra cultura hacia posibilidades de autoconocimiento de otro modo impensables. Las normas y principios con que todo acto o labor psicoanalítica se rige ayuda al sujeto a ir más allá de sí mismo y acceder a vínculos que  no solo transforman su vida sino que ayudan y favorecen las fecundas relaciones entre quienes le rodean: luego, es un camino real para la paz interior y exterior. Cada psicoanalista necesita tener cuidado para seguir avanzando en la propia indagación en su cuerpo, alma y espíritu para librarse de axiomas científicos postulantes de que ya conocemos la realidad material o que sabemos del universo cosas que no podemos demostrar.

piscoanalisis

Pensar que ya sabemos del alma humana lo suficiente, que ya tenemos conseguida la más alta cuota de técnica y acciones en consulta, que es intocable o insustituible esta y otra manera de atender al sujeto dejándolo escapar, idealizar a los grandes del psicoanálisis o proyectar en la sociedad la responsabilidad de que al psicoanalista se le vea o tenga fama de esto o lo otro, sostener formas antiguas de tres o cuatro dimensiones cuando la sociedad o las generaciones actuales viven cotidianamente en dimensiones superiores, trasladar a la sociedad el malestar propio por usar aspectos caducos que alejan a quienes más necesitan del diván… todo esto, a Dios gracias, está siendo cambiado y estamos  asistiendo a nuevos profesionales que se han atrevido a sentir a fondo aquello que están llevando en su cuerpo, su alma y su espíritu, y proponen nuevas precisiones que están llevando cada día a más ciudadanos a conocer y experimentar en su interior que el saber sólo es cierto cuando no se sabe, que el sentir sólo es correcto cuando se está más allá de la estructura psicosomática resultante de la defensa infantil para aislarnos de un dolor emocional que creemos fuera y está dentro, que el acto de vivir sólo es posible si uno mismo se atreve,  que el nacer y el morir son cada instante.

Desde el siglo XX la civilización occidental comienza a indagar las condiciones que su psique, su alma y sus facultades mentales muestran respecto a sus movimientos y a su esencia. Fruto de ello la psicología y la psiquiatría empiezan, abren nuevos caminos para su comprensión apoyadas en experimentos científicos. Cuando se trata de realidades tan sutiles y que sólo son posibles de conocer, intuir, imaginar y avanzar a partir de la propia vivencia se explica el callejón sin salida en el que el sistema científico mecanicista, reduccionista y aislacionista de lo vivo está arrinconando a los investigadores de la psique y del vínculo en lo relacional.

El psicoanálisis, muy a su pesar, también está siendo arrastrado en esa dirección sólo que muy sutilmente –y hondo- al considerar al sujeto como carente de la dimensión de su espíritu, al enfatizar conceptos, reglas, al incidir en los procesos “ya sabidos” –según su fundador, su renovador y demás- y activar insuficientemente la conexión con la realidad de las sensaciones y sentimientos del cuerpo así como el énfasis- contagio del orgullo científico falto de rigor- de que ya conocemos los pasos que cada sujeto necesita dar, a dónde ha de llegar y que ha de decir o entender para recibir el pase, o el alta como paciente.

LA DETERMINACIÓN DE HACERLO

De similar manera que la física pasó de considerar a la realidad material como un todo compacto y en pocos años –de finales del siglo XIX a principios del XX-todo se le vino abajo, el psicoanalista está atento ya que pudiera ser que compactos complejos psíquicos o campos, al parecer, sólidos, del yo pudiesen esconder “átomos o cuarks” que comprendidos aumentaría la eficacia y profundidad de su excelente labor y abrirían al alma y espíritu humanos a insospechadas regiones vivenciales donde aquello en lo que nos basábamos se transforma amaneciendo otra realidad abrazadora, cercana, respetuosa, digna cuyos límites abren a otros horizontes en los que sólo es posible acceder desde el riesgo, el atrevimiento, la confianza y la determinación de hacerlo.

El psicoanálisis y las psicoterapias están de fiesta ya que el alma y el espíritu humanos están picando con tesón a las puertas de todo su ser para lograr la experiencia del vivir más allá de lo que nunca hasta ahora se había hecho.